La mitad afuera: el reto de la educación superior en América Latina
En América Latina y el Caribe, 52 de cada 100 jóvenes entre 18 y 24 años acceden a la educación superior. Es un avance que debemos reconocer. Pero el otro dato es igual de real: 48 de cada 100 se quedan fuera. Y estamos aún 26 puntos por debajo del promedio de la OCDE.
Desde la Red Latinoamericana por la Educación – REDUCA vemos todos los días las consecuencias de esa brecha. No es solo un tema educativo, es un tema de desarrollo, de empleo y de equidad.
El problema ya no es solo de acceso ni de captación de alumnos; hemos ampliado la cobertura. El desafío ahora es la permanencia y la titulación. Demasiados jóvenes ingresan y abandonan. Otros demoran años en graduarse. Cada trayectoria inconclusa es una inversión perdida para las familias, para el Estado y para las empresas que necesitan ese talento. Necesitamos sistemas que acompañen al estudiante de principio a fin, pues matricular no basta.
La desigualdad sigue marcando el aula: el origen sigue determinando el destino. Un joven del quintil más rico tiene 5 veces más probabilidades de llegar a la universidad que uno del quintil más pobre. A eso se suman brechas territoriales, de género y étnicas. Si la educación superior no corrige estas desigualdades, las reproduce.
Y una región que quiere crecer no puede darse el lujo de desperdiciar talento por el apellido o el código postal. Hay un costo en la inacción: Formar profesionales cuesta. Pero cuesta más no hacerlo. Un país con baja cobertura pierde competitividad; atrae menos inversión de alto valor, innova menos y condena a miles de jóvenes a empleos de menor productividad y salario. El costo real es el futuro que no estamos construyendo.
La salida es la articulación.
Ningún actor lo resuelve solo.
Desde el Estado se requieren políticas de financiamiento, becas y aseguramiento de la calidad.
Desde las empresas necesitamos anticipar las competencias del futuro y abrir espacios reales de aprendizaje y primer empleo.
Desde los institutos de educación superior se exige revisar currículos, reducir tiempos de titulación y conectar con los problemas del territorio.
En REDUCA trabajamos con redes de sociedad civil de varios países y articulamos al sector privado con la agenda educativa. Y en ambos espacios coincidimos en algo: sin coordinación, seguiremos teniendo los mismos resultados.
Tenemos diagnósticos. Tenemos evidencia. Tenemos experiencias que ya funcionan en la región.
Lo que falta es decisión.
Porque cobertura sin calidad es ilusión. Calidad sin equidad es injusticia. Y educación sin futuro es tiempo perdido.
Luciana Puente
Secretaria General de REDUCA